OCAMPOS Y UN GOLAZO PARA QUE GANE RIVER EN LA PLATA

La disyuntiva de jugar mal o bien, lindo o feo, ganar jugando feo o ganar encandilando pupilas, a un costado. Saltito, grito de gol, puño apretado, desahogo, alivio… Fernando Cavenaghi dio muestras vivas de que el partido con Chacarita, último del torneo, tenía cierto shock desesperante. Hasta esa jugada de flipper –mal rechazo de Sebastián Pena que pegó en el tobillo de Damián Toledo y se metió mansito al lado del palo- los caminos hacia el arco de Nicolás Tauber habían sido reducidos a las luces que podían generar los pies de Lucas Ocampos.

Eso era River: Ocampos tomado. El Funebrero había tenido unos primeros 15 minutos aceptables, en los que incomodó tibiamente. Pero los de Matías Almeyda tuvieron por izquierda la llave para ir tornando poco a poco la victoria, su victoria. Explosivo, eléctrico, impredecible. Dos primeras intervenciones, dos avisos (primero un disparo blandito y después un pase para Cavenaghi), y una rosca dignísima de un jugador listo para Europa que, literalmente, hubiera resquebrajado cualquier telaraña que cuanto bichito de ocho patas se hubiese dignado a tejer en esa unión que conforma el ángulo.

Fue Chacarita, un Chacarita que sólo debía preocuparse por contener la banda izquierda del rival, el que hizo honor a su apodo y cavó su propia tumba. Un error, un gol en contra que River no perdonó. Con Rosario Central e Instituto en el horizonte y la premisa de no terminar fuera de la zona de ascenso directo esta fecha, no podía permitírselo. Perdonar es padecer en este Millo que aprendió post Almirante Brown y, esta vez, se hizo cargo de ir ganando.

La meseta en la que ingresó el partido, con un Chacarita poco rebelde que nunca acusó reacción, le dio a Almeyda la oportunidad de mandar a David Trezeguet a la cancha para que tomara minutos. Ya estaba tranquilo, en La Plata hubo diferencias. River hizo la diferencia. Sus individualidades –Ocampos a la cabeza- desnudaron que en el verde césped se vieron las caras los dos polos de la tabla. Sin brillo, pero como denotó ese festejo de Cavenaghi después de un 1-0 que no le correspondía: jugando como hay que jugar los partidos decisivos. Un Ocampos de batalla.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s